La pregunta extraterrestre, astronomía antigua, nuestro lugar en el universo.
Entre el Rigveda y un manuscrito dictado a un médium en 1904, la frontera entre mito, ingeniería y deseo se vuelve peligrosamente delgada.
El panpsiquismo dejó de ser una excentricidad de filósofos: hoy tiene ecuaciones, teorías medibles y físicos de primer nivel discutiéndolo en serio.
Seis rocas heladas en el borde del Sistema Solar se mueven como si algo enorme las empujara. Ese algo no lo ha visto nadie.
El efecto Casimir demostró que el vacío empuja. Einstein lo llamó su mayor error. La medición más precisa de la historia dice que el universo está hecho casi enteramente de algo que no sabemos nombrar.
Setenta y cinco años después de la pregunta de Fermi, seguimos escuchando un silencio que puede significar nuestra condena o nuestra salvación.
El primer visitante interestelar aceleró sin razón aparente. La explicación más radical viene de la propia Harvard.
Un argumento de 2003 ha puesto a la humanidad ante una posibilidad que ninguna máquina puede refutar: que todo esto sea código.
En 1936, Einstein firmó un paper argumentando que las ondas gravitacionales no eran físicamente reales. Setenta y nueve años después, un detector de 4 kilómetros las capturó.
Un fotón dispara, viaja, y solo después —cuando decides mirarlo— el universo decide qué fue lo que hizo.